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viernes, 14 de junio de 2013

Jornada de CRACKS

Esta semana teníamos que ir de pesca a un lugar un tanto apartado.
Tras tomar un camino equivocado y después de una parada para una cervecita, llegamos al lugar escogido.
 El río discurría con muy poco caudal, por lo que las truchas nos localizarían fácilmente. Tendríamos que pescar largo y con cautela, pues las truchas aquí no tienen contacto alguno con el ser humano.
 Para esta jornada, utilizamos sendos carretes Crack Contact 400. Este carrete tiene unas prestaciones muy particulares, que hacen que sea una pieza muy codiciada.
De hecho hay que invertir bastante tiempo para localizarlos en algunas subastas o anuncios, y por norma general serán adquiridos a precios que rondan los 100 euros.
 Buena prueba de ello es que mientras escribía esta entrada, había una subasta de uno de estos carretes. Y por tratarse de un carrete nuevo, superó los 200 euros.
 Lo cierto es que utilizar estas autenticas joyas de museo, es una delicia, pues son muchas sus virtudes y espero hablaros de ellas en algún momento.

A pesar del escaso caudal, no tardamos en tener las primeras picadas, pero por tener que pescar con un solo anzuelo y sin muerte en nuestros señuelos, las truchas no quedaban enganchadas con facilidad.
 Pero finalmente salió la primera trucha del día. Evidentemente no esperábamos encontrarnos grandes peces. Habíamos ido allí a batirnos con truchas 100% salvajes, desconfiadas y luchadoras a pesar de su porte.
Los equipos de lance ultraligero permiten disfrutar igualmente.
 Las orillas del río son una bendición para la vista. Bosque autóctono hasta donde alcanza la vista, con distintos tonos de verde por todas partes.
 La pureza de sus aguas es extraordinaria, por lo que bulle de vida en cada piedra o raíz. Si recogemos un poco de arena fina del lecho y la vamos moviendo bajo el agua, vemos aparecer a las singulares ninfas de las efémeras dánicas.
 Después de que varias truchas se escaparan de mi señuelo, al fin pude tocar escama. Quizás la contemplación de la librea de la trucha, junto con su inteligencia, sea lo que haga que siempre tenga tiempo para decicarle unas jornadas durante la temporada.
 Proseguimos río arriba por una zona que ya conocíamos. Aquí nos fuimos encontrando algunas tablas que podrían albergar un mayor número de pintonas.
 La tarde discurría con más truchas que llegaban hasta nuestras manos, y tras una breve contemplación, recuperaban su libertad.
Sin embargo son muchas las que se quedaban por el camino, ya que debíamos pescar largo.
 Cuando terminamos la jornada, decidimos dar un paseo por la orilla del río, para así poder explorar un poco más este tramo.
Nos encontramos con zonas de corrientes y algunas tablas en las que se veían cebadas.
Y con este último paseo pusimos punto y final a la jornada.

domingo, 9 de junio de 2013

Lubinas en superficie

Ayer sábado la previsión era la de un mar muy calmo, así que había que echar mano de otros señuelos.
Madrugué bastante y con las primeras luces ya estaba preparando todo junto al mar.
 La marea estaba descendiendo, así que habían quedado al descubierto muchas ensenadas. Me fui hacia un puntal de roca y allí hice mi primer lance. El segundo lo dirigí hacia el lado opuesto.
Cambié el señuelo por un Drivin´Wire de la casa Whiplash Factory, pues su color me parecía más apto para ese momento y quería algo más de peso.
Efectúo un nuevo lance y comienza la recogida. A unos 10 metros de mi posición el señuelo se para en seco y acto seguido continúa su avance. Me quedo perfectamente con el lugar del ataque y hago un nuevo lance un poco pasado.
Apenas hago los primeros movimientos de la caña cuando la lubina ataca de nuevo el señuelo.
Sorprendentemente, hace un salto fuera del agua, mientras la acerco. Al más puro estilo de un black bass.
Sujeto la línea por el bajo y la echo a tierra o más bien a la roca jejeje.
Quiero pensar que se trataba de la misma lubina pues en varias ocasiones me ha ocurrido de ver a una lubina persiguiendo un señuelo sin llegar a picar y al siguiente (lanzando en las proximidades de donde la había perdido de vista) tener un ataque por parte del mismo pez.
 Fui desplazándome hacia lugares donde el mar se movía algo más. Aquí probé vinilos y otros paseantes. Y fue uno de estos últimos el que me proporcionó una nueva picada que no se materializó en captura.
En la distancia pude advertir un cardumen de pequeños peces, los cuales saltaban cuando mis señuelos caían en las cercanías de su posición.
Aún tuve oportunidad de dar unos cuantos lances más de camino al coche. Lo cierto es que no estuve mucho tiempo pescando, quizás porque había ido sólo.
Aproveché un poco más probando suerte en una zona de bajos, sin resultado, así que puse punto y final a esta jornada.

domingo, 2 de junio de 2013

Jornada fugaz

Esta mañana tocó madrugar para estar en el pedrero al amanecer. No lo llevo nada bien, pero hay que hacer algún sacrificio si se quiere obtener resultados.
 Con las primeras luces del día, pude ver que algunos habían madrugado más que yo, sin embargo, aún quedaba alguna zona buena sin ocupar. Eso sí, habría que echar mano del ingenio para llegar a dicho punto.
Pero el que ya ha hecho más veces el camino, tiene ventaja y así me planté en un lugar privilegiado.
Bastaron un par de lances para hacerme con esta lubina que se fue por donde vino.
Sin embargo, el mar decidió castigar mi atrevimiento y no pude aguantar mucho más sin sentirme intranquilo, así que salí en cuanto pude de aquel lugar.
 Observé una pequeña ensenada con el mar más calmo. Era el momento de usar un paseante.
Tuve varios ataques, pero los peces no abocaban bien el engaño. A pesar de la distancia, creo que se trataba de alguna aguja que en estos momentos abundan por la zona.
 Fui probando vinilos, minnows y paseantes, y sólo estos últimos tenían algún efecto positivo, aunque sin llegar a enganchar.
 Las aguas claras hicieron que me plantease seguir, aunque decidí continuar algún tiempo más, para aprovechar el viaje, sin embargo no hubo respuesta por parte de los peces.
De vuelta al coche observé una pequeña charca con numerosos alevines de mújol, los cuales podrían ser un bocado excelente para las lubinas. Por suerte para ellos, estas parecían estar ausentes.

domingo, 19 de mayo de 2013

Nuevo escenario

Hace unos días tocaba spinning. En esta ocasión, acompañado de José Antonio, me fui al río Oitavén.
 El río descendía con un buen caudal para la época del año en la que estamos, y la vegetación de pequeño porte aún no había crecido demasiado, por lo que no tendríamos muchas complicaciones a la hora de lanzar.
 Tras un par de picadas fallidas al inicio de la jornada, pude capturar la primera trucha del día. Esta la habíamos localizado previamente, por lo que conocíamos su ubicación de antemano.
Tras la foto la devolvimos al medio para que siga creciendo.
 El río esconde alguna que otra trampa en forma de marmita de gigante. Estas pueden ser un tanto peligrosas cuando se encuentran bajo el agua, ya que accidentalmente podemos meter un pie en ellas, provocándo una caída.
 Al llegar a una bifurcación en el río, nos separamos momentáneamente. Yo caminé por el cauce de la derecha, mientras que mi compañero lo haría por el izquierdo. Aquí pude capturar otra trucha de escaso porte.
 El sol comenzaba a tomar posición en el cielo y todo en nuestro entorno se percibía con nitidez.
Nuestros señuelos iban peinando minuciosamente cada corriente o pozo, capturando algunos de los seres que allí habitaban.
 Llegamos a una zona en la que el río se abría un poco más. Las rocas de gran tamaño servían de parapeto para acechar a las posibles presas sin que estas pudieran percatarse de nuestra presencia.
 De esta manera engañamos alguna pintona más que posaba brevemente para la foto.
Todas ellas muy bravas, pues el río discurre por un paraje agreste.
 Numerosas cascadas iban apareciendo a medida que avanzábamos. Los lances se concentraban en los pozos inferiores, a la espera de que algún ejemplar de porte tomase nuestros engaños.
Sin embargo sólo las más jóvenes e inexpertas parecían apreciar los señuelos que les ofrecíamos.
Caminando durante un buen rato, llegamos al límite superior del coto. Aquí pondríamos punto y final a la jornada, ya que estos tramos son difíciles de andar, lo que favorece la aparición del cansancio en las piernas.
Ya sólo nos quedaba descender hasta el coche y esperar a que haya un poco más de suerte en próximas visitas, si bien no hubo queja.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Lubinas de quedada

El pasado domingo asistí a una quedada que iba a tener en la costa próxima a mi localidad: 1ª Quedada Hermanos de los Anzuelos.
Por ser la primera, siempre surgen dudas en cuanto a participación, pero a pesar de todo decidí acercarme, ya que me quedaba relativamente cerca.
Después de recoger a Rubén, puse rumbo al puerto de Panxón.
Allí me encontré a Marcos, Jorge, Esteban, Miguel, Micael, Óscar, Jorge Iglesias y Sergio.
Tras las presentaciones, tocaba acercarse al pedrero, pero Marcos,  Rubén y yo haríamos una parada para desayunar.
A continuación fuimos buscando una zona propicia para comenzar y de camino nos encontramos a varios de los asistentes. Así que no buscamos más y allí mismo preparamos todo para iniciar la jornada.
 El mar estaba un tanto desapacible, pero pudimos ir efectuando algunos lances. Varios compañeros ya habían hecho sus primeras capturas, por lo que buscamos una zona algo más alejada.
 De camino a un puntal, observé a un grupo de alevines muertos (sardinillas tal vez), las cuales habían quedado atrapadas en la bajamar. Imaginando la cantidad de peces pasto que rondarían el lugar, pensé que la cosa prometía. Para entonces Marcos ya había capturado una docena de agujas.
 De camino al puntal efectué algún lance y en uno de ellos, tuve la picada de una aguja, la cual se enredó por completo en el bajo de línea. Me costó un poco liberarla, pero al final volvió al agua.
En el nuevo emplazamiento, Rubén logró engañar a una lubineta, con lo cual creo que todos habíamos tocado escama.
 Cambié el minnow por un Savage Gear Cannibal que Walter me había regalado. No tardé en sentir otra lubineta que volvió al agua tras la foto.
 Al poco rato llegó Marcos y con un vinilo logró su primera lubina. A pesar de estar pescando uno al lado del otro, el pez encontró primero el engaño de mi compañero, lo que me alegró ya que todos los que nos encontrábamos en el puntal habíamos capturado alguna.
 Volví a colocar un minnow de Yokozuna en la grapa. Quería prospectar una roca que estaba bastante alejada. Y de esta manera saqué esta lubinita, que no era mucho mayor (en longitud) que el señuelo.
Mi estómago me pedía redesayunar, pero aún había tiempo de hacer unos lances más, así que dejamos para más tarde el tentempié y nos pusimos con los paseantes.
 Poco después de que Marcos capturase esta lubina, tuve un ataque por parte de otro pez, pero este no quedó prendido. Al rato, otra lubina mayor que Marcos no logró poner en seco, pues no hubo oportunidad.
Así finalizamos la jornada, para poner rumbo a un bar cercano.
Allí repusimos fuerzas, mientras charlábamos de los lances de la mañana y de más temas relacionados con la pesca. Cuando se acercaba el momento del pesaje, nos fuimos hasta la tienda de Pedro: Capitán Nemo.

Mi colega Marcos quedó en primer lugar. El segundo puesto fue para Óscar. Y el tercer clasificado fue Miguel.

A pesar de que la escasa asistencia, pasamos una mañana muy entretenida, así que luego nos fuimos para el bar a tomar una cervecita, que estaba más que merecida.

Dar las gracias a Pedro por colaborar en dicho evento.

La jornada según Óscar:
http://elmundodeodlures.blogspot.com.es/2013/05/magnifica-quedada-amigos-de-los_14.html
http://elmundodeodlures.blogspot.com.es/2013/05/magnifica-quedada-amigos-de-los_2936.html

La jornada según Esteban:
http://surfcastinvigo.blogspot.com.es/2013/05/1-quedada-hermanos-de-los-senuelos.html

VIDEO RESUMEN

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Barbos gitanos 3: !! Una "barboridad" ¡¡

Comienza un nuevo día y nos preparamos para el asalto final.
Al salir de casa, directos al bar para desayunar fuerte, pues tenemos por delante un buen número de horas que llenar de recuerdos.
 Acudimos por última vez a tierras extremeñas. 
De camino al río me deleito con la cantidad de fauna, tan distinta a la que estoy acostumbrado.
Abejarucos, alcaudones, rabilargos, abubillas, grajos, perdices. Todos parecían haberse puesto de acuerdo para despedirme en esta última jornada de pesca.
Vamos preparando todo lo necesario. Cuando ya estamos a pie de río, podemos ver lo que nos aguarda.
 En esta ocasión volveremos a pescar Kike y yo, mientras José Antonio y Pepe probarán otras zonas.
El viento racheado nos pondrá a prueba, pero no tendrá nada que hacer contra unos pescadores que ansían acariciar cada uno de los tesoros que se encuentran en la masa cristalina que discurre serpenteante por el valle.
 La talla media de los peces indican que la diversión será enorme, si bien cada combate puede ser una lucha perdida.
A la sombra de unos fresnos clavo mi primer barbo. Raudo acude a la corriente, para aliarse con ella y tratar de poner distancia entre ambos. Finalmente la paciencia me brinda la posibilidad de acercarlo a mi mano y sujetarlo al fin.
Saboreo el momento, pues me ha brindado una lucha espectacular.
 Kike me permite pescar a mis anchas, cediéndome gran parte de las zonas que nos vamos encontrando.
Me va asesorando nuevamente y también ejerce de cámara, para dejar constancia de mi disfrute.
Y es que estaba eufórico visualizando tal cantidad de peces y de tan buen tamaño.
 Por un momento, Kike se separa de mí y se dirige a una zona superior. El viento sopla en ocasiones con gran potencia, por lo que tengo que parar de pescar.
Después de una tregua, ya puedo retomar la actividad, aunque esta no dura y la superficie del agua se riza irremediablemente. Efectúo un lance hacia un bello ejemplar, que había localizado previamente.
Intuyo una silueta borrosa que se mueve hacia la mosca ... este la toma sin recelo y comienza la acción.
Lo mejor para combatir en viento en estos casos, es tener un buen barbo al otro lado de la línea jejeje.

Abandono la zona pero no tengo muy claro por dónde ascender. Así que camino hacia la ladera del valle. Este tiene una pendiente exagerada, casi vertical. El terreno cede bajo mis pies, pero voy avanzando.
Efectúo un silvido y Kike me responde. Desciendo hacia una zona en la que hay gran cantidad de aluviones y al llegar, mi compañero me muestra el punto en el que se encuentra un gran barbo.
Este permanece estático en la corriente, tranquilo y seguro de si mismo. Efectúo el primer lance pero hace caso omiso de la mosca. Los lances se suceden y el resultado es el mismo.
 Kike me sugiere que pruebe con una ninfa. Tras atar la imitación, voy posando el engaño en las cercanías del pez, hasta que una de las derivas parece que le llama la atención.
El pez de grandes proporciones toma la imitación y comienza a tirar con una potencia descomunal. En un par de segundos de lucha, el pez se suelta y nos lamentamos de lo sucedido.
La lógica nos dice que hay que revisar el anzuelo de la ninfa y es entonces cuando comprobamos que el barbo había logrado abrir el anzuelo.
!!Bestial¡¡
 Esto es lo que comúnmente se conoce con el nombre de Cowboy jejeje.
Tras encontrar este cráneo de vaca, le sugerí a Kike que podía bromear sobre la fidelidad que le brinda su pareja jejeje. Y como podéis ver, no dudó en posar para la foto.
 Tras la pérdida de mi mosca, mi compañero me ofrece la posibilidad de pescar con una mosca bastante voluminosa.
Tras atarla, fue ofrecérsela a los peces y estos entraron en un estado de frenesí para hacerse con ella. Ante este hecho, Kike ató la Chernobyl. ¿El resultado? El mismo exactamente.
Poco después, otro barbo logró abrir el anzuelo de mi mosca. A causa de ello, le pedí a mi compañero una Chernobyl.
!!Entonces comenzó el festival de picadas¡¡
La efectividad de esta imitación rozaba la perfección, pues en algunos casos un barbo tomaba la mosca, dejaba que este se soltara y a continuación ya era posible que un pez mayor atacase el engaño.
 La cantidad de capturas hizo que se agotase el espacio de la memoria de la GoPro.
A partir de ahí, tenía que arreglármelas con las otras cámaras que llevaba para la ocasión.
Me sumí en un estado de satisfacción desenfrenada, que hacía que sólo me concentrase en el pez.
En el otro extremo de la línea, tenía el santo grial de las imitaciones, la cual seleccionaba la talla de los peces de forma alucinante.
Con tal cantidad de efectividad en mi poder, pude disfrutar de carreras con salida de backing, de las que te dejan sin aliento.
!!Espectacular¡¡
 Ya casi era la hora de volver para comer y es entonces cuando Kike avista dos barbos de tamaño excepcional, en torno a los 4 kg de peso. Ambos están ubicados en una corriente, flanqueada por rocas.
!!Hay que intentarlo¡¡
Ante la imposibilidad de ejecutar lances desde un lateral, me deslizo por una roca hasta situarme por encima de ellos. Mi compañero me guiará para intentar engañar a alguno de los dos.
 Hago el primer lance y Kike me indica las correcciones. Un nuevo lance despierta la curiosidad de uno de ellos, pero tengo que elevar la mosca o se verá arrastrada por la corriente. Kike se lamenta de la oportunidad perdida. Insisto nuevamente, pero la hasta ahora eficaz Chernobyl, ya no es capaz de ejercer magnetismo alguno sobre ambas criaturas. Su tamaño conlleva experiencia o desconfianza. 
Es hora de intentarlo con una ninfa.
Tras varios minutos de intentos, tenemos que dar por imposible la tarea.
Seguimos un poco más y engañamos sendos barbos de bello porte. Este será el broche de oro para esta jornada.

Una larga caminata nos lleva a reencontrarnos con nuestros compañeros. Estos ya tenían todo dispuesto para comer a pie de río. Fuimos comentando los distintos lances de la jornada y así fuimos consumiendo los minutos. Tras la comida, recogimos todos los bártulos y pusimos rumbo a Constantina, pues Pepe y Kike tenían que volver a sus respectivas casas.
 Mis planes para la tarde incluían visitar la ciudad de Sevilla, pero al final no pudo ser, por lo que sugerí a José Antonio que podía mostrarme algo más de Constantina.
Tras una breve siesta en la habitación del Tena y una reconfortante ducha, me voy con José Antonio hasta el restaurante "El alcornoque".
Allí mi anfitrión se encuentra a Marco, que curiosamente es pescador y bloguero (http://carpfishingconstantina.blogspot.com.es/).
Charlamos un rato mientras iba degustando alguno de los platos de la gastronomía del lugar.
Riñones, una especie de buñuelos con un relleno delicioso y unas gambas envueltas en berenjena que "quitaban el sentío".
Hasta la mesa se acercó Severiano, cocinero y copropietario del restaurante, al que le comuniqué mi satisfacción por cada uno de los platos que había degustado.
Allí José Antonio también me presentó a uno de los guitarristas del grupo Los Grillos Mojaos. La conversación con este fue más extensa y muy entretenida, especialmente por la variedad de temas que allí tratamos, catando un vino de la bodega Fuentefría.
Al final la conversación llegó hasta la hora de cierre del restaurante, así que me despedí agradecido de todos los allí reunidos.
A continuación me tocaba despedirme de mi anfitrión José Antonio, agradeciéndole estas jornadas de pesca con tan buena gente y en lugares tan fascinantes.
Por la mañana, antes de partir, la lluvia hace acto de presencia. Esta es constante durante buena parte del trayecto, hasta que llego a Salamanca. Aquí me recibe la nieve, por lo que decido ir un poco más despacio. Era prioritario llegar. Nuevamente mal tiempo hasta que me voy acercando a Galicia.
Paradójicamente, en mi tierra me encuentro un tiempo soleado con el cielo impoluto.
Tras 10 horas de conducción con dos paradas, llego a casa.
En total 1700.2 Km recorridos, que me han valido para vivir unos días de esos que uno espera repetir lo antes posible. Gentes, gastronomía, paisajes y también pesca, han sido la constante de este largo viaje.

Dar las gracias a José Antonio, Pepe, Kike, Jorge, Carlos y Luis, por el trato recibido.
Y a la gente que he conocido, les mando un saludo, esperándolos ver en otra ocasión.