Comienza un nuevo día y nos preparamos para el asalto final.
Al salir de casa, directos al bar para desayunar fuerte, pues tenemos por delante un buen número de horas que llenar de recuerdos.
Acudimos por última vez a tierras extremeñas.
De camino al río me deleito con la cantidad de fauna, tan distinta a la que estoy acostumbrado.
Vamos preparando todo lo necesario. Cuando ya estamos a pie de río, podemos ver lo que nos aguarda.
En esta ocasión volveremos a pescar Kike y yo, mientras José Antonio y Pepe probarán otras zonas.
El viento racheado nos pondrá a prueba, pero no tendrá nada que hacer contra unos pescadores que ansían acariciar cada uno de los tesoros que se encuentran en la masa cristalina que discurre serpenteante por el valle.
La talla media de los peces indican que la diversión será enorme, si bien cada combate puede ser una lucha perdida.
A la sombra de unos fresnos clavo mi primer barbo. Raudo acude a la corriente, para aliarse con ella y tratar de poner distancia entre ambos. Finalmente la paciencia me brinda la posibilidad de acercarlo a mi mano y sujetarlo al fin.
Saboreo el momento, pues me ha brindado una lucha espectacular.
Kike me permite pescar a mis anchas, cediéndome gran parte de las zonas que nos vamos encontrando.
Me va asesorando nuevamente y también ejerce de cámara, para dejar constancia de mi disfrute.
Y es que estaba eufórico visualizando tal cantidad de peces y de tan buen tamaño.
Por un momento, Kike se separa de mí y se dirige a una zona superior. El viento sopla en ocasiones con gran potencia, por lo que tengo que parar de pescar.
Después de una tregua, ya puedo retomar la actividad, aunque esta no dura y la superficie del agua se riza irremediablemente. Efectúo un lance hacia un bello ejemplar, que había localizado previamente.
Intuyo una silueta borrosa que se mueve hacia la mosca ... este la toma sin recelo y comienza la acción.
Lo mejor para combatir en viento en estos casos, es tener un buen barbo al otro lado de la línea jejeje.
Abandono la zona pero no tengo muy claro por dónde ascender. Así que camino hacia la ladera del valle. Este tiene una pendiente exagerada, casi vertical. El terreno cede bajo mis pies, pero voy avanzando.
Efectúo un silvido y Kike me responde. Desciendo hacia una zona en la que hay gran cantidad de aluviones y al llegar, mi compañero me muestra el punto en el que se encuentra un gran barbo.
Este permanece estático en la corriente, tranquilo y seguro de si mismo. Efectúo el primer lance pero hace caso omiso de la mosca. Los lances se suceden y el resultado es el mismo.
Kike me sugiere que pruebe con una ninfa. Tras atar la imitación, voy posando el engaño en las cercanías del pez, hasta que una de las derivas parece que le llama la atención.
El pez de grandes proporciones toma la imitación y comienza a tirar con una potencia descomunal. En un par de segundos de lucha, el pez se suelta y nos lamentamos de lo sucedido.
La lógica nos dice que hay que revisar el anzuelo de la ninfa y es entonces cuando comprobamos que el barbo había logrado abrir el anzuelo.
!!Bestial¡¡
Esto es lo que comúnmente se conoce con el nombre de Cowboy jejeje.
Tras encontrar este cráneo de vaca, le sugerí a Kike que podía bromear sobre la fidelidad que le brinda su pareja jejeje. Y como podéis ver, no dudó en posar para la foto.
Tras la pérdida de mi mosca, mi compañero me ofrece la posibilidad de pescar con una mosca bastante voluminosa.
Tras atarla, fue ofrecérsela a los peces y estos entraron en un estado de frenesí para hacerse con ella. Ante este hecho, Kike ató la Chernobyl. ¿El resultado? El mismo exactamente.
Poco después, otro barbo logró abrir el anzuelo de mi mosca. A causa de ello, le pedí a mi compañero una Chernobyl.
!!Entonces comenzó el festival de picadas¡¡
La efectividad de esta imitación rozaba la perfección, pues en algunos casos un barbo tomaba la mosca, dejaba que este se soltara y a continuación ya era posible que un pez mayor atacase el engaño.
La cantidad de capturas hizo que se agotase el espacio de la memoria de la GoPro.
A partir de ahí, tenía que arreglármelas con las otras cámaras que llevaba para la ocasión.
Me sumí en un estado de satisfacción desenfrenada, que hacía que sólo me concentrase en el pez.
En el otro extremo de la línea, tenía el santo grial de las imitaciones, la cual seleccionaba la talla de los peces de forma alucinante.
Con tal cantidad de efectividad en mi poder, pude disfrutar de carreras con salida de backing, de las que te dejan sin aliento.
!!Espectacular¡¡
Ya casi era la hora de volver para comer y es entonces cuando Kike avista dos barbos de tamaño excepcional, en torno a los 4 kg de peso. Ambos están ubicados en una corriente, flanqueada por rocas.
!!Hay que intentarlo¡¡
Ante la imposibilidad de ejecutar lances desde un lateral, me deslizo por una roca hasta situarme por encima de ellos. Mi compañero me guiará para intentar engañar a alguno de los dos.
Hago el primer lance y Kike me indica las correcciones. Un nuevo lance despierta la curiosidad de uno de ellos, pero tengo que elevar la mosca o se verá arrastrada por la corriente. Kike se lamenta de la oportunidad perdida. Insisto nuevamente, pero la hasta ahora eficaz Chernobyl, ya no es capaz de ejercer magnetismo
alguno sobre ambas criaturas. Su tamaño conlleva experiencia o
desconfianza.
Es hora de intentarlo con una ninfa.
Tras varios minutos de intentos, tenemos que dar por imposible la tarea.
Seguimos un poco más y engañamos sendos barbos de bello porte. Este será el broche de oro para esta jornada.
Una larga caminata nos lleva a reencontrarnos con nuestros compañeros. Estos ya tenían todo dispuesto para comer a pie de río. Fuimos comentando los distintos lances de la jornada y así fuimos consumiendo los minutos. Tras la comida, recogimos todos los bártulos y pusimos rumbo a Constantina, pues Pepe y Kike tenían que volver a sus respectivas casas.
Mis planes para la tarde incluían visitar la ciudad de Sevilla, pero al final no pudo ser, por lo que sugerí a José Antonio que podía mostrarme algo más de Constantina.
Tras una breve siesta en la habitación del
Tena y una reconfortante ducha, me voy con José Antonio hasta el restaurante "
El alcornoque".
Charlamos un rato mientras iba degustando alguno de los platos de la gastronomía del lugar.
Riñones, una especie de buñuelos con un relleno delicioso y unas gambas envueltas en berenjena que "quitaban el sentío".
Hasta la mesa se acercó Severiano, cocinero y copropietario del restaurante, al que le comuniqué mi satisfacción por cada uno de los platos que había degustado.
Allí José Antonio también me presentó a uno de los guitarristas del grupo
Los Grillos Mojaos. La conversación con este fue más extensa y muy entretenida, especialmente por la variedad de temas que allí tratamos, catando un vino de la bodega Fuentefría.
Al final la conversación llegó hasta la hora de cierre del restaurante, así que me despedí agradecido de todos los allí reunidos.
A continuación me tocaba despedirme de mi anfitrión José Antonio, agradeciéndole estas jornadas de pesca con tan buena gente y en lugares tan fascinantes.
Por la mañana, antes de partir, la lluvia hace acto de presencia. Esta es constante durante buena parte del trayecto, hasta que llego a Salamanca. Aquí me recibe la nieve, por lo que decido ir un poco más despacio. Era prioritario llegar. Nuevamente mal tiempo hasta que me voy acercando a Galicia.
Paradójicamente, en mi tierra me encuentro un tiempo soleado con el cielo impoluto.
Tras 10 horas de conducción con dos paradas, llego a casa.
En total 1700.2 Km recorridos, que me han valido para vivir unos días de esos que uno espera repetir lo antes posible. Gentes, gastronomía, paisajes y también pesca, han sido la constante de este largo viaje.
Dar las gracias a José Antonio, Pepe, Kike, Jorge, Carlos y Luis, por el trato recibido.
Y a la gente que he conocido, les mando un saludo, esperándolos ver en otra ocasión.